Ya comencé a escribir sin un título de entrada; el principio guía de éste día dice: ⤑ que todo fluya.
Es indiscutible el hecho de que una pieza creada a mano sea "distinta" a una industrial. Quizás las piezas industriales tengan un cierto grado de perfección en su confección, ya que las máquinas están programadas y respetan hasta los mínimos detalles (a menos que existan desperfectos técnicos) y están preparadas, además, para realizar miles de artículos por modelo.
Por el contrario este trabajo llamado a mano que cada vez encuentra mayor cantidad de seguidores, no exige tales directrices o más aún, ni siquiera tiene los mismos fines que aquél.
Una persona, es distinta a una máquina. Una persona ha tenido que aprender a hacer lo que hoy en día sabe, debe abrirse al público, hablar con él de manera personal o directa, asesorar a sus potenciales clientes, prestar atención a la demanda de los mismos, etc... Son tantas las actividades que realiza el artesano incluso antes de dedicarse al trabajo manual mismo en sí, que se torna hasta repetitivo decirlo. Pero cada uno sabrá aunque sea mínimamente sobre ello, apelo a que sí.
Ésta persona entonces, luego de realizar cada una de esas actividades, se dedica a plasmar en la realidad lo que el cliente (UN CLIENTE) le ha propuesto. Y aquí viene lo más importante. Esa pieza puede no ser perfecta. Podría tener mínimos detalles y está permitido que eso suceda. A su vez esa pieza no será igual a ninguna otra aunque hayan sido creadas bajo un mismo patrón. Y es aquí donde encontramos la magia de las manos; la magia de crear algo personalizado y único, ideado en un principio por un tercero que ha intentado transmitir esa creación mental al artesano.
Creo que es éste el punto en el que la artesanía asume su valor íntegramente. No hubo energía eléctrica que propulsione un motor. Hubo una persona, que utilizó su visión, su postura, horas de sus días, entre otros, para crear ese artículo.
Todo esto en su conjunto, es lo que la sociedad entera debería pensar y valorar como se lo merece; quizás suena repetitivo, pero es tanta la desvalorización que tiene una persona que se dedica a la artesanía, que sostengo y sostendré fervientemente estas ideas.
En carne propia me ha tocado, leer o escuchar quejas o simplemente "por qué tan caro...", o rostros sorprendidos al punto de nacer una risa burlesca, entre otros. A veces me causa indignación, otras hago como que nada ha pasado. Y luego pienso, en que ya llegará alguien que desee determinada cosa, y sin chistar lo desee adquirir (como me ha pasado muchísimas veces, si no son las más). Es difícil, pero el sentido de valoración, tiene que nacer desde uno mismo. Si nosotros no valoramos nuestro trabajo (T R A B A J O, al 100% y puro), no podemos exigir que el otro lo haga. No podemos dejarnos vencer por la idea de "vendo ya, vendo a lo que el cliente quiera pagar" porque nuestro trabajo no vale centavos. Y además estaríamos faltando el respeto y devaluando el trabajo de nuestros colegas (observar detenidamente como una acción propia puede causar perjuicio a otros en igual situación que la nuestra).
Estamos viviendo en un tiempo de mucha movilización social por parte de cada sector, y la artesanía no ha sido ajena a ella. Hay cada vez más jóvenes que se animan a "hacer algo" con estas herramientas que naturalmente poseemos. Hay cada vez más personas que buscan el perfeccionamiento en sus tareas manuales. Hay más que se unen a la idea de hacer respetar lo que hacemos. Y por otra parte, del otro lado, también hay más personas que nos eligen y nos buscan, y si no adquieren nuestros productos le dan difusión, o te brindan una palabra de aliento, lo cual hace un corto tiempo atrás, no se veía.
Entonces, qué me pasa. La sacudida mental social se está produciendo. Aparecen cada vez más las personas que proponen ideas para nuestros emprendimientos y que desean ayudarnos brindándonos un espacio para presentar nuestro trabajo, o que cuentan con los medios para darnos difusión. Se unen más personas al mundo de la artesanía. Quieren aprender, te piden consejos, te demandan ayuda, o asesoramiento sobre los materiales, etc. Son muchos los cambios sociales que estamos viviendo en esta pequeña parte de la existencia humana.
Hoy no dejaré pasar más el tiempo y a modo de conclusión responderé la pregunta del título anterior...
No existe nada más bello y puro que adquirir un objeto que lleva en sí mismo un poco de su creador. Las horas dedicadas a su fabricación, unión de piezas, a sus detalles, estuvieron marcadas por sentimientos, por vivencias del artesano. Toda y cada una de esas energías se encuentran aprisionadas en cada punto (del tejido) en cada pieza de ese objeto, y vos, o él, o ella, hoy lo tienen en sus manos y como no pensar: ¡ahí hay vida! No existe nada más puro porque el artesano ha dejado TIEMPO volcado en él. Porque fue hecho a mano y con amor. Porque no existe un proceso frío, más bien existe una preparación sumamente cuidadosa de todos y cada uno de los materiales necesarios, y luego una formación lenta y minuciosa de ese juguete, de esa prenda, de ese objeto. No se olviden de ello y cada vez que vean a un artesano agobiado, recuerden: hace lo que le gusta, pero quizás viva de ello. Le gusta lo que hace, pero no por eso lo regala. Le gusta lo que hace, pero a veces le duele la espalda. Le gusta lo que hace... Y merece respeto. Merece ser valorado.
Por eso,
Yo valoro lo que hacen mis colegas, porque valoro lo que hago yo.-

