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miércoles, 7 de noviembre de 2018

Mi primer amigurumi

El día de ayer me encontré buscando unas cosas en el depósito de mi negocio (donde hay bolsas... y bolsas) y realmente estaba enojada porque no encontraba lo que buscaba y ya se había producido un tremendo desorden. En ese juego de mi mente de pensar, aquí o allá, abrí una caja que no tenía muchas cosas dentro por su peso, y qué agradable mi sorpresa: encontré un muñequito, pequeño, color rosa. Fue mi primer amiguito tejido.
En ese momento no lo pensé, pero al estar tranquila y observarlo con atención y toda la admiración que éste objeto me demandó (porque fue obra mía, siendo una chica de 22 años en ese momento) se me vinieron tantas cosas a la mente que necesité escribirlas.
Aquel muñeco, era más que eso, mucho más. Fue mi primera creación, la que mis novatas manos lograron trasladar de una hoja de revista a la realidad. 
¡Y es tan distinto a los demás!

Con sus puntos un poco abiertos debido a haber utilizado una aguja más grande que la correspondiente, sus piezas débilmente cosidas, sus cejas desproporcionadas, muy poco relleno por lo que el muñeco es penosamente blandísimo (y casi sin forma...); y el broche de oro: una cinta en su cuello disimulando lo mal que debió estar cosida la cabeza al cuerpo. Uf... y me olvidaba. Sus piezas no fueron tejidas en espiral. Si el lector sabe de lo que hablo estará pensando... "¡qué desastre!".
Yo, al contrario, más allá de la risa me siento reconfortada. Éste tejido tiene alrededor de 2 (dos) años, y es la demostración aún viviente de mi propio crecimiento. Todo en mi vida ha sido en base a prueba y error, y a mi parecer, así debería ser en todo para todos.
Nadie se imagina lo que habré sentido en mí corazón aquel día en que culminé esa labor, quizás me sentí una súper tejedora, una super principiante, o no sé. Hoy no me considero "profesional" en ésta área pero, me siento muy contenta porque con mucho amor mis tejidos han mejorado y logré que lo que ofrezco tenga mi toque personal.
Siempre me preocupa el hecho de que alguien adquiera felizmente su amigu y... ¡ups! se le desteja, se descosa, se ablande; pero últimamente esos detalles los he ido sorteando y la realidad es que, ¡eso no ocurre! Como en cada espacio de mi existencia, sostengo que la dedicación y la confianza en uno mismo colaboran a que las cosas salgan bien, sean fuertes y duraderas. (Aplica a todo).
Han pasado dos años de haber hecho mi primer amigu, y más de diez de aquel día en que mi abuela me hizo incursionar en el mundo del tejido. Hoy, al mirar ésta pieza (tesoro para mí), la felicidad me invade como esa vez en que descubrí la maravilla de crear, la maravilla de ver en tus manos un producto hecho por vos... Y como dicen siempre "hecho a mano, sinónimo de hecho con amor", nada más acertado. Estos seres llenos de amor, esconden sentimientos, llevan en sus entrañas de vellón un momento de la vida de alguien.
¿Existirá algo más puro que eso?
Les dejo esa pregunta, hasta la próxima vez que escriba.

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